Dando
el Pecho Después del Año
La importancia de la lactancia materna
después del año
Según las investigaciones científicas
la leche materna continúa proveyendo cantidades sustanciales de nutrientes
claves mucho más allá del primer año de vida, especialmente proteína, grasa
y la mayoría de las vitaminas. Aunque se ha hecho poca investigación en
niños que han amamantado más allá de los dos años, la información disponible
indica que el amamantamiento continúa siendo una fuente valiosa de nutrición
y de protección contra enfermedades por el tiempo que dure la lactancia.
Los anticuerpos se encuentran en la
leche humana a través de toda la lactación. De hecho, se ha encontrado que
algunos factores en la leche humana aumentan en concentración durante el
segundo año de vida y también durante el proceso de destete. La Organización
Mundial de la Salud ha manifestado que un aumento modesto en las tasas de
amamantamiento podría prevenir hasta un 10% de todas las muertes de niños
menores de cinco años; por lo que la lactancia materna juega un papel
esencial, y se subestima algunas veces en el tratamiento y prevención de las
enfermedades en la infancia. Los niños mayores que amamantan tienen menos
enfermedades y cuando se enferman éstas tienen una duración más corta cuando
se compara con niños que no han sido lactados. Muchos estudios han
demostrado que una de las mejores maneras de prevenir las alergias y el asma
es amamantando exclusivamente por lo menos 6 meses y continuar el
amamantamiento mucho más tiempo después de este término.
Para los niños el succionar del pecho
materno es muy relajante. La succión es tan importante para el desarrollo de
los niños que cuando no se les da el pecho buscan un sustituto, ya sea una
botella, un bobo (chupete), el dedo o los dedos, el pelo, una frisita, etc.
Esto nos demuestra que los niños necesitan el efecto calmante de la succión
ya que son muy jóvenes e inmaduros biológica y emocionalmente y están
experimentando un crecimiento enorme y cambios que no son comprensibles para
ellos. La succión juega un papel vital en la habilidad del bebé para crecer.
Muchas madres dan el pecho a sus niños
después del primer año no sólo por los beneficios a la salud para ellos,
sino también porque ellas lo disfrutan. El dar el pecho a un niño, según
expresan muchas madres, es una manera más fácil de lidiar con los cambios
que éstos experimentan durante los primeros años de vida. Hay muchas maneras
de consolar a un niño que está llorando: pasearlo, mecerlo, cantarle, pero
ninguna es más fácil y eficiente que darle el pecho. Es un acto mágico ver
como un niño que está llorando, porque se siente intranquilo o se ha caído,
vuelve a ser feliz inmediatamente cuando su mamá le da el pecho.
Características de la lactancia después
del año
Una vez
los bebés cumplen un año muchas personas comienzan a verlos como grandes,
cuando en realidad siguen siendo bebés. Continúan usando pañales, parecen
bebés y son bebés. Darle el pecho a un bebé en su segundo año de vida (el
primero fue desde su nacimiento a los 12 meses), es una manera legítima de
continuar satisfaciendo sus demandas y necesidades. Durante ese segundo año
los niños comienzan a ejecutar la lactancia acrobática, adoptando posiciones
muy complejas para lactar. Muchos, como tienen una mano libre acarician a su
mamá, quieren jugar con ella, o adoptan un signo clásico de la lactancia en
esta época, el de retorcer el otro pezón mientras están al pecho. A algunas
madres esto les molesta; a otras no les causa ningún problema.
Los "terribles dos" han ganado la
reputación de pensamiento independiente y exploración en casi cada minuto en
que están despiertos. Sus ambiciones exceden sus capacidades por lo que
ventilan sus frustraciones en rabietas. No tienen paciencia con el ritmo de
vida del adulto (por eso se le llama la adolescencia de la niñez) y
protestan si se les aleja de sus intereses o de lo que llama su atención (un
dulce, un juguete, un animal). Todos estos comportamientos son normales y
reflejan el crecimiento de la mente del bebé hacia la niñez.
Durante este tercer año de vida, el
cual es fascinante, frustrante y pasa muy rápido, tanto las madres como los
niños encuentran que el amamantamiento ayuda a dar estabilidad a ambos en
esta época. Los niños usan el pecho para calmar las tensiones que a veces
son demasiadas para ellos y las madres usan la lactancia para calmarse ellas
mismas.
En esta edad muchos niños se han
destetado y están felices con esto, otros cogen el pecho sólo para dormirse
o al despertarse, otros usan el pecho para sobrellevar ciertos incidentes
durante el día, y muchos todavía están cogiendo el pecho a menudo. De hecho,
algunas de las madres de niños de dos años comentan lo mucho que todavía
éstos lactan. Durante este periodo también, la mayoría de los niños
verbalizan lo suficiente como para entender algunas cosas que la madre tiene
que decir acerca de la lactancia y empiezan a ajustar sus pedidos para
lactar a los momentos y lugares que son más confortables para toda la
familia.
El tercer año de vida, usualmente, es
el periodo en donde los niños encuentran muchas otras cosas que hacer además
de amamantar. Algunos pueden querer el pecho frecuentemente por aburrimiento
o por que reciben muchos estímulos, otros por la timidez natural de su edad
para relacionarse con otras personas o niños, otras veces por situaciones
que le causan estrés, tales como una enfermedad, una mudanza o los días de
fiesta. En este período las madres frecuentemente expresan que están
cansadas de dar el pecho ya que su niño requiere de toda su atención y las
reclama aún más debido a que lo lactan. Tienen sentimientos ambivalentes,
aman darle el pecho a su bebé, pero quisieran destetarlo. Es importante que
las madres entiendan que estos sentimientos son normales y que no se deben
sentir culpables. Deben identificar si realmente quieren destetar o si es
que se sienten sobrecargadas, por lo que necesitan estrategias para
sobrellevar la situación tales como tiempo para ellas, descansar mejor,
revisar su alimentación, etc.
Un niño de tres años puede no estar
listo para entender las complejidades acerca de los sentimientos de la madre
hacia la lactancia, pero la mayoría está lista para vivir con límites
razonables basados en los sentimientos de la madre. Ella o él pueden empezar
una negociación que dé resultado sobre los momentos y lugares en que cogen
el pecho.
En esta época el niño aumenta su
habilidad para cooperar y las madres encuentran que darle el pecho a un niño
de esta edad es un genuino placer. Amamantar es usualmente privado, íntimo y
agradable. Sin embargo muchos padres tienen un sentimiento abrumador de que
más de tres años es demasiado tiempo para que continúe la lactancia. A los
tres años la mayoría camina, habla y no usa pañales, no parecen bebés y no
actúan mucho como bebés. Los expertos en cuidado del niño aconsejan
paciencia, como debe ser, para los comportamientos más turbulentos de la
infancia, como chuparse el dedo o mojar la cama. Los padres deben ser aún
más comprensivos con un comportamiento tan saludable como lo es la lactancia.
No se ha demostrado que continuar amamantando haga ningún daño y muchas
familias se sienten muy bien de haber llegado hasta aquí.
En el cuarto año de vida del niño la
lactancia usualmente se hace más fácil y se ajusta a las preferencias de la
madre y ella la dirige la mayoría de las veces. Rara vez el niño va a pedir
el pecho en situaciones embarazosas y la madre no va a tener que lidiar con
sus sentimientos porque el niño quiere lactar en lugares o momentos en que
ella no desea. El cuarto año de la lactancia es el momento cuando el
crecimiento temprano del niño empieza a dar frutos. Los niños en esta edad,
aun cuando no están todavía listos para dejar todas las cosas de bebé, están
usualmente ávidos de mirar hacia adelante en la niñez. Muchos ya pueden
comenzar a hablar sobre un posible destete.
Pocos autores hablan sobre la lactancia
después de los cuatro años. Esto es así porque piensan que no es socialmente
aceptable y que muchas madres ya no necesitan ayuda en estos momentos ya que
la mayoría de los niños se ha destetado. Sabemos sin embargo, que muchos
adultos, sobre todos nuestros abuelos, guardan recuerdos muy agradables de
cuando lactaban todavía en los primeros años en la escuela.
Según el niño crece, cambia la relación
con su madre. Para esta época la madre y el niño pueden hablar de la
lactancia y el destete y hacer negociaciones que pueden durar un día o una
semana, según sea necesario cambiarlas. No hay manera de saber cuando el
niño decidirá destetarse completamente, pero si la mamá está preocupada de
que éste no pueda ir a la universidad debido a que todavía no se han
inventado la lactancia a distancia, le podemos asegurar que para ese tiempo
ya su hijo será un hombre o mujer independiente y seguro, capaz de
establecer otras relaciones de amor con ella y con las demás personas. La
mayoría de los niños que están lactando a los cuatro años pueden destetarse
más fácilmente ahora que cuando tenían dos o tres años.
Los recuerdos de la gente que ha
lactado prolongadamente son tiernos y cálidos. El amamantamiento es una
relación saludable y los recuerdos de los niños lo serán también.
Estrategias para ayudar a las madres
La madre que amamanta después del
primer año confronta unos retos y problemas específicos. A continuación
discutiremos algunos de ellos y ofreceremos algunas estrategias para lidiar
con los mismos.
Cuando el niño muerde.
La mayoría de las veces el morder
ocurre durante el primer año de vida asociado a la dentición. Esto puede
ocurrir más tarde pero frecuentemente está asociado a la dentición del niño.
El niño se rasca las encías que le duelen o pican y para ello usa el pezón
de la madre. Ante esto la madre tiene que retirar al niño inmediatamente del
pecho a la misma vez que le indica que eso no lo debe hacer porque le duele
a mamá. Esto debe hacerse gentilmente para evitar que el niño entienda que
la madre no quiere que amamante, lo que debe comprender es que puede
amamantar sin morder.
Si el niño muerde a la madre porque
está aburrido o tiene coraje con ella, se le debe indicar que está bien que
tenga coraje con su mamá, pero que morderla no es un comportamiento
aceptable. Aunque el morder ocurre ocasionalmente durante los años de
lactancia, las madres invariablemente desarrollan rápidamente destrezas y
técnicas para evitar que esto se convierta en algo más que un problema
ocasional.
Problemas de los pechos.
El dolor en los pezones es poco usual
cuando se lacta a un niño grande, pero se dan unas situaciones en las que
puede ocurrir. Se puede presentar dolor en los pezones, debido a embarazo,
retorno de la menstruación, disminución del suplido de leche, dentición,
candidiasis, eczema, ampollas de leche y erupciones. De igual manera, la
madre puede desarrollar mastitis secundaria a los cambios de patrones al
lactar o al estrés de atender al niño.
Servicios sociales y las cortes.
Muchos padres no se atreven
decir que sus niños están lactando por miedo a ser malinterpretados por las
agencias sociales. De hecho, se han reportado casos en los EEUU en que las
agencias de servicios sociales han removido a niños porque vecinos han hecho
acusaciones de abuso sexual porque estos están lactando todavía a los dos,
tres y cuatro años. Aunque todavía ninguna agencia social ha encontrado que
el amamantamiento sea abuso o maltrato, aún en casos de ocho años de edad,
el trauma que pasa la pareja lactante en lo que se realizan las
investigaciones es real y profundo.
Hemos participado como expertos en la
orientación de trabajadores sociales del Departamento de la Familia de
Puerto Rico que nos han consultado sobre casos en donde familiares y/o
vecinos acusan a la madre de dejar a su bebé morir de hambre porque le da el
pecho (detrás de esto está la connotación sexual). Afortunadamente, la
comunicación que hemos tenido con esta agencia nos ha permitido evitar
desgracias posteriores.
En los casos de divorcio o separación
de los padres, los derechos de custodia y visitación son prioritarios para
los jueces. Cuando el niño es pequeño o menor de dos años los jueces en
Puerto Rico tienden a no afectar la relación de amamantamiento permitiendo
los derechos paterno-filiales, pero limitándolos a horas en el día. Hemos
sido testigos, sin embargo, como en un caso de una niña de 5 años se le
quitó la custodia a la madre y el padre alegó que la lactancia a esa edad
era innecesaria y perjudicial para su niña. Los derechos de las relaciones
paterno-filiales deben protegerse, pero los padres no deben usar la
lactancia como forma de manipulación o castigo hacia las madres, ya que el
daño mayor le ocurre al niño.
Enfermedad de la mamá.
A veces durante una enfermedad materna el amamantamiento se suspende
temporalmente o permanentemente según sea el caso. Lo importante, como hemos
recalcado anteriormente, es que no se haga por razones innecesarias,
medicamentos o enfermedades que no lo ameriten. El niño mayor puede lidiar
mejor con las separaciones y la interrupción del amamantamiento, de ser
necesario.
La lactancia después del año tiene sus
periodos de altas y bajas. Las madres necesitan de todo el apoyo necesario
ya que viven en una sociedad hostil a la lactancia y en especial a darles el
pecho a niños grandes. Siempre recomendamos que las madres visiten grupos de
apoyo de lactancia para que ventilen sus frustraciones, cuenten sus
experiencias y reciban la aceptación y el aprecio de sus pares.
Referencias:
1. Bumgarner NJ. Mothering your nursing toddler.
Schaumburg, Illinois: La Leche League International. 2002.
2. Dewey KG. Nutrition, Growth, and Complementary
Feeding of the Breastfed Infant. Pediatr Clin North Am. 2001, 48: 87-104.
3. Ferguson DM et al. (1987). Breastfeeding and
subsequent social adjustment in six to eight year old children. J Child
Psych & Psych & Allied Disc. 1987, 28: 378-386.
4. Kendall-Tackett K A, Sugarman M. The social
consequences of longterm breastfeeding. J Hum Lact. 1997, 11:179-183.
5. Lawrence R A, Lawrence RM. Breastfeeding: A Guide
for the Medical Profession. (6th. Ed.) St. Louis: CV
Mosby Co. 2005.
6. Small M. Kids: how biology and culture shape the
way we raise young children. New York, New York: Anchor Books. 2001.
7. Stuart-Macadam P, Dettwyler K. (Eds). Breastfeeding
– Biocultural Perspectives. New York: Aldine de Gruyer. 1995.
Ana M. Parrilla Rodríguez, MD, MPH, FABM
subir