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Dando el Pecho Después del Año

Por: Ana M. Parrilla Rodríguez, MD, MPH, FABM

La importancia de la lactancia materna después del año

Según las investigaciones científicas la leche materna continúa proveyendo cantidades sustanciales de nutrientes claves mucho más allá del primer año de vida, especialmente proteína, grasa y la mayoría de las vitaminas. Aunque se ha hecho poca investigación en niños que han amamantado más allá de los dos años, la información disponible indica que el amamantamiento continúa siendo una fuente valiosa de nutrición y de protección contra enfermedades por el tiempo que dure la lactancia.

Los anticuerpos se encuentran en la leche humana a través de toda la lactación. De hecho, se ha encontrado que algunos factores en la leche humana aumentan en concentración durante el segundo año de vida y también durante el proceso de destete. La Organización Mundial de la Salud ha manifestado que un aumento modesto en las tasas de amamantamiento podría prevenir hasta un 10% de todas las muertes de niños menores de cinco años; por lo que la lactancia materna juega un papel esencial, y se subestima algunas veces en el tratamiento y prevención de las enfermedades en la infancia. Los niños mayores que amamantan tienen menos enfermedades y cuando se enferman éstas tienen una duración más corta cuando se compara con niños que no han sido lactados. Muchos estudios han demostrado que una de las mejores maneras de prevenir las alergias y el asma es amamantando exclusivamente por lo menos 6 meses y continuar el amamantamiento mucho más tiempo después de este término.

Para los niños el succionar del pecho materno es muy relajante. La succión es tan importante para el desarrollo de los niños que cuando no se les da el pecho buscan un sustituto, ya sea una botella, un bobo (chupete), el dedo o los dedos, el pelo, una frisita, etc. Esto nos demuestra que los niños necesitan el efecto calmante de la succión ya que son muy jóvenes e inmaduros biológica y emocionalmente y están experimentando un crecimiento enorme y cambios que no son comprensibles para ellos. La succión juega un papel vital en la habilidad del bebé para crecer.

Muchas madres dan el pecho a sus niños después del primer año no sólo por los beneficios a la salud para ellos, sino también porque ellas lo disfrutan. El dar el pecho a un niño, según expresan muchas madres, es una manera más fácil de lidiar con los cambios que éstos experimentan durante los primeros años de vida. Hay muchas maneras de consolar a un niño que está llorando: pasearlo, mecerlo, cantarle, pero ninguna es más fácil y eficiente que darle el pecho. Es un acto mágico ver como un niño que está llorando, porque se siente intranquilo o se ha caído, vuelve a ser feliz inmediatamente cuando su mamá le da el pecho.

Características de la lactancia después del año

Una vez los bebés cumplen un año muchas personas comienzan a verlos como grandes, cuando en realidad siguen siendo bebés. Continúan usando pañales, parecen bebés y son bebés. Darle el pecho a un bebé en su segundo año de vida (el primero fue desde su nacimiento a los 12 meses), es una manera legítima de continuar satisfaciendo sus demandas y necesidades. Durante ese segundo año los niños comienzan a ejecutar la lactancia acrobática, adoptando posiciones muy complejas para lactar. Muchos, como tienen una mano libre acarician a su mamá, quieren jugar con ella, o adoptan un signo clásico de la lactancia en esta época, el de retorcer el otro pezón mientras están al pecho. A algunas madres esto les molesta; a otras no les causa ningún problema.

Los "terribles dos" han ganado la reputación de pensamiento independiente y exploración en casi cada minuto en que están despiertos. Sus ambiciones exceden sus capacidades por lo que ventilan sus frustraciones en rabietas. No tienen paciencia con el ritmo de vida del adulto (por eso se le llama la adolescencia de la niñez) y protestan si se les aleja de sus intereses o de lo que llama su atención (un dulce, un juguete, un animal). Todos estos comportamientos son normales y reflejan el crecimiento de la mente del bebé hacia la niñez.

Durante este tercer año de vida, el cual es fascinante, frustrante y pasa muy rápido, tanto las madres como los niños encuentran que el amamantamiento ayuda a dar estabilidad a ambos en esta época. Los niños usan el pecho para calmar las tensiones que a veces son demasiadas para ellos y las madres usan la lactancia para calmarse ellas mismas.

En esta edad muchos niños se han destetado y están felices con esto, otros cogen el pecho sólo para dormirse o al despertarse, otros usan el pecho para sobrellevar ciertos incidentes durante el día, y muchos todavía están cogiendo el pecho a menudo. De hecho, algunas de las madres de niños de dos años comentan lo mucho que todavía éstos lactan. Durante este periodo también, la mayoría de los niños verbalizan lo suficiente como para entender algunas cosas que la madre tiene que decir acerca de la lactancia y empiezan a ajustar sus pedidos para lactar a los momentos y lugares que son más confortables para toda la familia.

El tercer año de vida, usualmente, es el periodo en donde los niños encuentran muchas otras cosas que hacer además de amamantar. Algunos pueden querer el pecho frecuentemente por aburrimiento o por que reciben muchos estímulos, otros por la timidez natural de su edad para relacionarse con otras personas o niños, otras veces por situaciones que le causan estrés, tales como una enfermedad, una mudanza o los días de fiesta. En este período las madres frecuentemente expresan que están cansadas de dar el pecho ya que su niño requiere de toda su atención y las reclama aún más debido a que lo lactan. Tienen sentimientos ambivalentes, aman darle el pecho a su bebé, pero quisieran destetarlo. Es importante que las madres entiendan que estos sentimientos son normales y que no se deben sentir culpables. Deben identificar si realmente quieren destetar o si es que se sienten sobrecargadas, por lo que necesitan estrategias para sobrellevar la situación tales como tiempo para ellas, descansar mejor, revisar su alimentación, etc.

Un niño de tres años puede no estar listo para entender las complejidades acerca de los sentimientos de la madre hacia la lactancia, pero la mayoría está lista para vivir con límites razonables basados en los sentimientos de la madre. Ella o él pueden empezar una negociación que dé resultado sobre los momentos y lugares en que cogen el pecho.

En esta época el niño aumenta su habilidad para cooperar y las madres encuentran que darle el pecho a un niño de esta edad es un genuino placer. Amamantar es usualmente privado, íntimo y agradable. Sin embargo muchos padres tienen un sentimiento abrumador de que más de tres años es demasiado tiempo para que continúe la lactancia. A los tres años la mayoría camina, habla y no usa pañales, no parecen bebés y no actúan mucho como bebés. Los expertos en cuidado del niño aconsejan paciencia, como debe ser, para los comportamientos más turbulentos de la infancia, como chuparse el dedo o mojar la cama. Los padres deben ser aún más comprensivos con un comportamiento tan saludable como lo es la lactancia. No se ha demostrado que continuar amamantando haga ningún daño y muchas familias se sienten muy bien de haber llegado hasta aquí.

En el cuarto año de vida del niño la lactancia usualmente se hace más fácil y se ajusta a las preferencias de la madre y ella la dirige la mayoría de las veces. Rara vez el niño va a pedir el pecho en situaciones embarazosas y la madre no va a tener que lidiar con sus sentimientos porque el niño quiere lactar en lugares o momentos en que ella no desea. El cuarto año de la lactancia es el momento cuando el crecimiento temprano del niño empieza a dar frutos. Los niños en esta edad, aun cuando no están todavía listos para dejar todas las cosas de bebé, están usualmente ávidos de mirar hacia adelante en la niñez. Muchos ya pueden comenzar a hablar sobre un posible destete.

Pocos autores hablan sobre la lactancia después de los cuatro años. Esto es así porque piensan que no es socialmente aceptable y que muchas madres ya no necesitan ayuda en estos momentos ya que la mayoría de los niños se ha destetado. Sabemos sin embargo, que muchos adultos, sobre todos nuestros abuelos, guardan recuerdos muy agradables de cuando lactaban todavía en los primeros años en la escuela.

Según el niño crece, cambia la relación con su madre. Para esta época la madre y el niño pueden hablar de la lactancia y el destete y hacer negociaciones que pueden durar un día o una semana, según sea necesario cambiarlas. No hay manera de saber cuando el niño decidirá destetarse completamente, pero si la mamá está preocupada de que éste no pueda ir a la universidad debido a que todavía no se han inventado la lactancia a distancia, le podemos asegurar que para ese tiempo ya su hijo será un hombre o mujer independiente y seguro, capaz de establecer otras relaciones de amor con ella y con las demás personas. La mayoría de los niños que están lactando a los cuatro años pueden destetarse más fácilmente ahora que cuando tenían dos o tres años.

Los recuerdos de la gente que ha lactado prolongadamente son tiernos y cálidos. El amamantamiento es una relación saludable y los recuerdos de los niños lo serán también.

Estrategias para ayudar a las madres

La madre que amamanta después del primer año confronta unos retos y problemas específicos. A continuación discutiremos algunos de ellos y ofreceremos algunas estrategias para lidiar con los mismos.

Cuando el niño muerde. La mayoría de las veces el morder ocurre durante el primer año de vida asociado a la dentición. Esto puede ocurrir más tarde pero frecuentemente está asociado a la dentición del niño. El niño se rasca las encías que le duelen o pican y para ello usa el pezón de la madre. Ante esto la madre tiene que retirar al niño inmediatamente del pecho a la misma vez que le indica que eso no lo debe hacer porque le duele a mamá. Esto debe hacerse gentilmente para evitar que el niño entienda que la madre no quiere que amamante, lo que debe comprender es que puede amamantar sin morder.

Si el niño muerde a la madre porque está aburrido o tiene coraje con ella, se le debe indicar que está bien que tenga coraje con su mamá, pero que morderla no es un comportamiento aceptable. Aunque el morder ocurre ocasionalmente durante los años de lactancia, las madres invariablemente desarrollan rápidamente destrezas y técnicas para evitar que esto se convierta en algo más que un problema ocasional.

Problemas de los pechos. El dolor en los pezones es poco usual cuando se lacta a un niño grande, pero se dan unas situaciones en las que puede ocurrir. Se puede presentar dolor en los pezones, debido a embarazo, retorno de la menstruación, disminución del suplido de leche, dentición, candidiasis, eczema, ampollas de leche y erupciones. De igual manera, la madre puede desarrollar mastitis secundaria a los cambios de patrones al lactar o al estrés de atender al niño.

Servicios sociales y las cortes. Muchos padres no se atreven decir que sus niños están lactando por miedo a ser malinterpretados por las agencias sociales. De hecho, se han reportado casos en los EEUU en que las agencias de servicios sociales han removido a niños porque vecinos han hecho acusaciones de abuso sexual porque estos están lactando todavía a los dos, tres y cuatro años. Aunque todavía ninguna agencia social ha encontrado que el amamantamiento sea abuso o maltrato, aún en casos de ocho años de edad, el trauma que pasa la pareja lactante en lo que se realizan las investigaciones es real y profundo.

Hemos participado como expertos en la orientación de trabajadores sociales del Departamento de la Familia de Puerto Rico que nos han consultado sobre casos en donde familiares y/o vecinos acusan a la madre de dejar a su bebé morir de hambre porque le da el pecho (detrás de esto está la connotación sexual). Afortunadamente, la comunicación que hemos tenido con esta agencia nos ha permitido evitar desgracias posteriores.

En los casos de divorcio o separación de los padres, los derechos de custodia y visitación son prioritarios para los jueces. Cuando el niño es pequeño o menor de dos años los jueces en Puerto Rico tienden a no afectar la relación de amamantamiento permitiendo los derechos paterno-filiales, pero limitándolos a horas en el día. Hemos sido testigos, sin embargo, como en un caso de una niña de 5 años se le quitó la custodia a la madre y el padre alegó que la lactancia a esa edad era innecesaria y perjudicial para su niña. Los derechos de las relaciones paterno-filiales deben protegerse, pero los padres no deben usar la lactancia como forma de manipulación o castigo hacia las madres, ya que el daño mayor le ocurre al niño.

Enfermedad de la mamá. A veces durante una enfermedad materna el amamantamiento se suspende temporalmente o permanentemente según sea el caso. Lo importante, como hemos recalcado anteriormente, es que no se haga por razones innecesarias, medicamentos o enfermedades que no lo ameriten. El niño mayor puede lidiar mejor con las separaciones y la interrupción del amamantamiento, de ser necesario.

La lactancia después del año tiene sus periodos de altas y bajas. Las madres necesitan de todo el apoyo necesario ya que viven en una sociedad hostil a la lactancia y en especial a darles el pecho a niños grandes. Siempre recomendamos que las madres visiten grupos de apoyo de lactancia para que ventilen sus frustraciones, cuenten sus experiencias y reciban la aceptación y el aprecio de sus pares.

Referencias:

1. Bumgarner NJ. Mothering your nursing toddler. Schaumburg, Illinois: La Leche League International. 2002.

2. Dewey KG. Nutrition, Growth, and Complementary Feeding of the Breastfed Infant. Pediatr Clin North Am. 2001, 48: 87-104.

3. Ferguson DM et al. (1987). Breastfeeding and subsequent social adjustment in six to eight year old children. J Child Psych & Psych & Allied Disc. 1987, 28: 378-386.

4. Kendall-Tackett K A, Sugarman M. The social consequences of longterm breastfeeding. J Hum Lact. 1997, 11:179-183.

5. Lawrence R A, Lawrence RM. Breastfeeding: A Guide for the Medical Profession. (6th. Ed.) St. Louis: CV Mosby Co. 2005.

6. Small M. Kids: how biology and culture shape the way we raise young children. New York, New York: Anchor Books. 2001.

7. Stuart-Macadam P, Dettwyler K. (Eds). Breastfeeding – Biocultural Perspectives. New York: Aldine de Gruyer. 1995.

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